AUNQUE TIEMBLE LA TIERRA, CON NOSOTROS ESTA
DIOS, NUNCA SOLOS…
Escuche una bella
canción, recordé y supe que NUNCA SOLA ESTUVE YO, SIEMPRE SU MANO ME
PROTEGIO…. Mi madre siempre nos refería
de niños, las historias y momentos acaecidos en los Terremotos con epicentro en
Lima, aunque ella no había pasado por ninguno, fueron dos los que,
principalmente, le habían dejado honda huella en su mente. Nos contó que el que
causó más daño fue el del 28 de octubre de 1746 a las 10.30 pm, de magnitud
9, que destruyó Lima, duró 4 minutos y
luego vino un maremoto que destruyó el Puerto del Callao. Principalmente nos contaba el que ocurrió el
24 de mayo de 1940 y de las vivencias de sus padres y tíos, que ocurrió a las
11.30 am. y fue de 8.2 de magnitud, muy
terrible. Nosotros éramos muy niños, y por ese entonces éramos 6 hermanos
donde el mayor apenas tenía 10 años, y la última 1 año. Nosotros escuchábamos
el relato, unos atentos y otros jugando, cada uno asimilando dentro de su
óptica de niño o infante, con un contexto fantasioso, de ataques de monstruos y
de héroes defensores y protectores.
Era la tarde el 17
de Octubre de 1966, y como cualquier día cotidiano mis hermanos se encontraban
jugando en casa, porque estudiábamos en el turno de la mañana, y los otros eran
aún muy pequeños. Vivíamos en un departamento en el tercer piso y la salida era
por una escalera. Mamá me envió a
comprar el pan como todas las tardes para el lonche, y la Panadería estaba en
la esquina de la casa. En ese entonces,
tenía 8 años, y papá estaba fuera trabajando. Cuando ya me daban el pan y estaba
pagando, comenzó un ruido extraño profundo, escuchamos que los perros ladraban y
empiezan a moverse los estantes de los
productos, no entendía lo que pasaba, sólo veía que las cosas se caían violentamente,
y los vidrios se reventaban, las personas que estaban junto a mí comenzaron a
gritar ¡temblor…! Y cuando el movimiento sísmico se mostró con más fuerza se desesperaron
y salieron gritando ¡terremoto! Yo no sabía qué hacer, estaba paralizada, de
pronto una señora me cogió de la mano y me sacó justo cuando las persianas de
la tienda estaban cayendo, nos pusimos al medio de la pista, me hizo arrodillar
junto a ella y me dijo, “REZA , HIJA, REZA PORQUE DIOS NOS ESTA CASTIGANDO”…no
entendía por qué, si yo no había dicho ni hecho nada malo, pero sólo empecé a
rezar, y mientras lo hacía miraba a mi alrededor y veía más gente rezando,
otras llorando pidiendo PERDON, ví los carros que buscaban detenerse en la
pista, pero el movimiento de las calles se lo impedían, y yo estaba en medio de
la pista, sin moverme, rezando, al frente estaba un colegio de infantes, ví que
los profesores cerraban las puertas para que los niños no salgan corriendo y
por otro lado venían los padres y tocaban desesperados, todo era confusión,
miedo, terror… Cerré los ojos y le pedía a mi Señor, que no nos castigue, ni
castigue a mis padres, ni a mis hermanos.. y seguía rezando, y ahora estoy
segura, que Dios estaba conmigo protegiéndome,
hasta que pasó el terremoto. La señora me dijo “anda niña a tu casa”, y
sin saber qué hacer, voltee la vista a la Panadería, y ví que los estantes
estaban en el suelo y con mi bolsa de pan regrese a casa corriendo, cuando
llegué encontré en la entrada de la Quinta a mi mami y a mis hermanos. Mi
hermano mayor me contó que cuando se inició el
movimiento, mi mamá muy asustada cogió en brazos a la pequeña y de la
mano llevaba a mi hermana, y los demás le seguían pero uno de mis hermanos
pequeños corrió a esconderse dentro del ropero porque pensaba que era un
monstruo que les atacaba y tuvieron que regresar para sacarlo. Bajaron por las
escaleras, mi hermano se puso por delante, cuidándoles, para impedir que caigan
por que las escaleras se movían de un lado para otro, y sólo pudieron llegar al
2do.piso, ahí quedaron abrazados a mamá, orando y PROTEGIDOS POR NUESTRO SEÑOR.
A DIOS GRACIAS, el sismo terminó. Luego pasaron muchas horas de zozobra y miedo
por las innumerables réplicas. Este terremoto fue con epicentro en Lima, a las
4.41 pm , de magnitud 8,2 Mw y luego hubo un maremoto en el Callao. Fue el terremoto más
destructor que sacudió Lima desde el ocurrido en el año 1940. Fue el primer terremoto que vivimos en
familia y cuyo recuerdo marcó segundos de desconcierto, inacción y los actos
respondían a las características psicológicas de la edad, y en otros, de
historias de vidas de eventos pasados. Pero aferrarnos a la oración como que me
aisló del horror y me dió la protección que a mi edad me era necesaria y a mis
hermanos el sentido de unidad de familia prevaleció y les fortaleció.
Habían pasado 4 años de
esta experiencia, y una nueva circunstancia
alteró dramáticamente nuestro sentido del tiempo, en que cada segundo intensificó
nuestras vidas y conjugó en un instante un fuerte evento geológico con
vivencias humanas solidificando el amor de hermanos: un terremoto en Huaraz de
una magnitud de 7.9 y que duró 45 segundos, y que ocasionara un gigantesco
aluvión que desapareció por completo muchos poblados, muchos muertos y heridos
y que se sintió muy fuerte en Lima. Era
un domingo, 31 de Mayo de 1970, a las 3.25 pm y estaba con mi hermano mayor en
casa de nuestra Tía y primo, que vivía en el 6to.piso de un edificio. Habíamos
terminado de almorzar y estaba llevando los platos, cuando se inició el sismo, aún manteníamos muy fresco lo
acontecido pocos años atrás. Ví por la
ventana de la cocina que los vidrios de los demás pisos vibraban como papeles a
punto de estallar, se caían las macetas, y mi impulso fue dejar los platos y
salir corriendo, no pude avanzar más porque la escalera se movía de un lado a
otro, ya otras personas se habían caído, y me quede aterrada, cuando en eso
siento que mi hermano me abraza muy fuerte, me sostiene, y dice “estoy contigo,
ya va a pasar”, y abrazados los dos, vimos a mi tía que luchaba con mi primo
para salir, que se había cogido de la puerta y no quería salir, los muebles del
comedor, la refrigeradora, y demás cosas se movían en conjunto de un lado para
otro, el edificio entero se ladeaba de
extremo a extremo, y se escuchaban estrellarse los vidrios, y gritos, lamentos,
y mucha oración, ¡¡aplaca tu ira SEÑOR!!! se escuchaba por doquier, y con mi
hermano, abrazados fuertemente, orábamos bajito, en medio de ese ruido, los dos
juntos, nos sentimos protegidos por Nuestro Señor. Ya había terminado, las
sirenas empezaron a sonar, y aún seguía moviéndose el edificio, cuando vimos subir corriendo por las escaleras a unos
bomberos preguntando si estábamos bien, si había heridos, y que comenzáramos a
evacuar. Mi tía cogió su cartera y
salimos. Afuera era tremendo, vidrios
rotos, pedazos de pared, la pista se había agrietado, la gente lloraba, corría,
ambulancia tratando de pasar, y nosotros en una farmacia comprando agua de
azahar, para calmar los nervios, regresamos a casa, y mi papá fue a recogernos,
mamá y mis hermanos todos estaban bien. Luego
de ello, han ocurrido muchos sismos de diversas magnitudes, y uno siguiente,
muy fuerte con epicentro en Lima el 03.10.1974 a las 9.21 de la mañana con una intensidad de 8.1 Mw a pesar que duró cerca de 2 minutos, no hubieron la cantidad de víctimas
como el anterior, y ya estábamos más preparados para evacuar. Desde esa fecha no ha vuelto a ocurrir un
sismo en Lima y eso es motivo de una gran preocupación, por lo que se
intensifican las campañas de prevención. Esto nos dejó una gran lección:
“AL MIRAR HOY HACIA ATRÁS Y MI VIDA REPASAR, DE UNA COSA PUEDO ESTAR
BIEN SEGURO NUNCA SOLO ESTUVE YO. SIEMPRE
SU AMOR ME ACOMPAÑÓ, SIEMPRE SU MANO ME PROTEGIÓ”
CIERTO ES:
Dios creó todo el universo y las leyes de la
naturaleza. La mayoría de los desastres naturales son el resultado de estas
leyes en acción. Los huracanes, tifones y tornados son el resultado de la
colisión de diferentes patrones climáticos. Los terremotos son el resultado de
desplazamientos de las placas en la estructura de la corteza terrestre. Un
tsunami es causado por un terremoto submarino. Estos traumáticos y aterradores eventos que
pueden ocurrir en la vida afectan a todos, especialmente a los niños, que generalmente
no llegan a entender lo que está sucediendo y se sienten confundidos,
angustiados y asustados. La
vulnerabilidad de los habitantes, puede ser evaluada a partir del grado de
conocimiento o educación que cada persona ha recibido sobre los desastres a los
cuáles está expuesto, su potencial y cómo prepararse para afrontarlos. En muchos
países esta tarea se está realizando, pero aún falta intensificarla (programas,
simulacros, etc.) a fin de reducir el nivel de vulnerabilidad de los individuos
que integran la población, y para ello es vital que todos seamos conscientes de
los peligros a los cuales estamos expuestos y valoremos nuestra propia
existencia. Nuestro Papa Francisco recordó a "todos los que sufren los
daños y problemas" causados por eventos y aseguró que "la naturaleza
nos reta a ser solidarios y atentos a la salvaguarda de lo que ha sido
creado". Del mismo modo, urgió a
los fieles a "prevenir cuando es posible las consecuencias más graves"
de estas calamidades.
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